28 octubre 2006

Hay veces en que hay que retroceder dos pasos para avanzar uno

Como dice el título de este mensaje, "Hay veces en que hay que retroceder dos pasos para avanzar uno", hay ocasiones en que percibimos que nuestro avance espiritual está estancado, en que uno intenta recobrar dones, sentimientos, habilidades que en el algún momento poseímos y no podemos, es más aún, nos sentimos atrapados buscando sacar nuestras piernas del fango que nos impide avanzar.

Los procesos continúan aún cuando no podamos verlos, existen engranajes en un nivel muy superior a nuestro entendimiento y comprensión que su perfecto y armonioso movimiento nunca se detiene, permitiendo nuestro avance aunque no lo sintamos.

Del mismo modo en que los engranes nunca se detienen, nuestra paciencia, constancia y fé tampoco debe detenerse, pues la luz conduce nuestro camino a pesar de que en nuestras sombras no seamos capaz de verla, ella siempre está ahí y por ella, nunca estamos solos.


Cuenta una historia de un hombre que después de recorrer un largo y fatigoso camino por el desierto, al fin logro hablar con Dios y le recriminó: - ¿Cómo es posible Señor, que me dijeras que siempre estarías junto a mí y en los momentos más duros, al mirar para atrás sólo veía un par de huellas?-

El Señor lo mira bondadosamente y le contesta: - Hijo mío, esas huellas que veías eran mías, pues yo te cargaba en mis brazos para hacerte descansar. -

Nunca olviden amigos caminantes ese fango no puede contener nuestro avance, pues una mano superior conduce y protege nuestros pasos. Ruego a ese poder que nunca lo olvidemos.

Dedicado a Marcela.