Dar hasta que NO duela es labor de cada uno, por favor no lo olvidemos
Antenoche caminaba desde mi trabajo por la Alameda rumbo a Bandera para tomar la micro a mi casa. Llovía a cantaros.
Al llegar a Teatinos, refugiado en la breve cornisa de una farmacia había acurrucado un viejo estirando su mano a quien pasaba. Yo cruce frente a él como muchos, sin mirarlo, procurando olvidar su presencia, hasta que unos pasos después, casi al llegar a la esquina algo me hizo darme la vuelta para dejarle algunas monedas.
Al acercarme a él ví que sostenía en cada mano los únicos elementos que le daban algo de calor en medio de una noche como esa, un cigarro a medio fumar y una pequeña y destartalada caja de vino.
Como nada tenía para retribuirme las monedas que le dí me estiró el cigarro a lo que le contesté que no fumaba, luego me alncanzó la cada vino abierta, la que tampoco recibí porque no tomo.Como nada tenía pra darme, me abrazó, besándome la mejilla.
Pobre viejo, con su ropa completamente empapada, buscaba como retribuirme las pocas monedas sin saber como.
Esa son los momentos en que desearía tener más recursos económicos para habermelo llevado a algún lado, donde tuviera abrigo, comida, un café caliente, ropa seca, en fin... un hogar. Trate de convencerlo de que fuera a la casa de acogida del Hogar de Cristo en Mapocho, incluso le ofreci llevarmelo en micro, pero no quiso. No es de extrañar, pues no es el primer anciano callejero que me cuenta que la atención que les dan no es de las mejores.
Luego cuando le hablé que no perdiera la fé, que Dios estaba con él, que por más que parecierá que estaba solo en realidad no lo estaba pues el Señor estaba junto a él, finalmente se puso a llorar amargamente. Lo abracé, apoyando su cabeza en mi pecho hasta que se calmó.
Retrocedió y me dijo que la vida era para mí y la muerte para él. Que no viviría mucho más y que de donde estuviera me cuidaría. Luego comentó que Dios siempre estaría junto a mí donde quiera que fuera y me besó la frente.
Luego me cantó un trozo de una canción mexicana que hablaba del amor, entremezclada con palabras que no entendí porque no sabía completamente la letra y se despidió de mí con un saludo marcial, pues era sargento retirado de la marina.
Al alejarme ví su mano sobre su sien, gesto que a pesar de no ser militar respondí. Después de eso no lo volví a ver.
¿Porque dejamos a nuestros ancianos tan solos?, ¿Porqué con el tiempo las personas se convierten sólo en un estorbo?, Dios quiera que ese viejo, del cual ni siquiera se su nombre, se encuentre bien. Si partió, como el mismo lo presentía, que esté disfrutando del descanso y la felicidad que aquí no tuvo.
¡¡Hermano mío, que Dios te bendiga donde te encuentres !!"